
Presencie de nuevo el atardecer
y no resistí su seducción;
esa que eriza la piel
con las caricias de la brisa.
Quise detenerme un instante,
quise perdonar mi indiferencia,
logre recordar esos momentos
de insanidad y locura.
Arroje tus cenizas al mar
y todos tus restos,
fue divertido ver cómo te borro el viento
y tu voz callaba entre la sal.
Por primera vez estabas tranquila,
caminabas con la sutileza de las olas,
entre ondas y reflejos de algo
que nunca volverá a ser.
Perdone con susurros tu odio,
arranque de mi piel tus palabras,
borre de mi mente tu figura
y vi el despertar de un renacer.
Ahora escribo sobre la arena
para que el mar se lleve mis palabras
y las arrastre hacia mi oasis,
donde solo yo pueda nombrarlas.
