
Caminaba sobre el infinito de tus ojos,
rondando aquellos nitidos paisajes,
de esos que arrancan el aliento,
lo desgarran y vuelven solo vapor.
Bebí el agua del oscuro mar de tus pupilas,
y agonice sediento de tu olvido,
presencie el renacer de tus ríos,
y como los mares volviesen fríos y cristalinos.
Una palabra basto para arder entre sus llamas,
fue como bailar a las puertas de tu infierno,
sentí como las brasas penetraban mi piel,
como me faltaba tanto el aire.
Las llamas de tu mirada, solo eso,
no necesito algo más para morir;
vacía es la palabra que lo describe,
tan llena de odio, culpa y temor.
Quemame junto a esta tierna traición,
rodeado de tu bendita mirada,
y ardere más alla donde mis ojos
oculten mis cicatrices del sol.