
No recuerdo exactamente cuando empezó,
ni si quiera puedo imaginarlo,
solo se que duele
y que algo estoy pagando.
Ahora bien se lo que es esperar,
lo que es imaginar y preguntar ¿que pasara?,
quedar por un momento callado
cuando las palabras no me involucran.
Son esas mismas palabras
las que perforan mi corazón,
las que descarnan mi ser
en su pronunciación.
Es ese maldito sentimiento de tristeza
al pensar que será cierto
o de nuevo solo es el hecho
de complacer al dulce oído.
Es la desesperación por culminar algo
y besar la espalda del olvido
cada vez que tu mirada se dirige
a otras palabras olvidándome en tu respiración.
Es ese odioso sonido una y otra vez,
la afirmación que jamás pudo crearse,
la negativa de los hechos
involucrando mi cuerpo en pedazos.
Sentir como se arranca de mi mente
la idea de algo confirmado,
como duele, como sangra,
como mis lagrimas secan la amargura
y mojan tu vientre.
Prométeme en una de tus palabras
y moriré pleno y seguro de mi nombre,
haz ese gesto de amabilidad
y educa mi lengua, mis bajas pasiones.
Prométeme una y otra vez
que esta noche mi cama será compartida;
mi cuarto estará pintado de tus promesas
esperando algún día saltar de las paredes
a este momento incierto.
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