lunes, 2 de junio de 2014

Desiertos

La distancia no es lo único que nos separa,
también son las ganas de no pertenecerte más;
de probar nuevas palabras en bocas desconocidas
y aventurarnos al desierto en otros cuerpos.

Nos convertimos en huellas que se borraron,
en esa danza erótica entre el viento de mi boca,
y las hermosas dunas que definen tu cuerpo,
que poco a poco fue concluyendo.

Días calurosos y noches frías, un infierno,
en el cuál mis demonios deseaban poseerte
y al final solo me obligaron a olvidarte,
a creer que fuiste solo una visión.

Encontré un oasis solo para mí lejos de casa,
tan fresco como lo eran tus labios al amanecer;
sus ojos verdes como una esmeralda
son ahora mi mayor tesoro.

Su cuerpo tibio es lo único que calma esta sed
de besar las dunas del desierto hasta arder en el.






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