Una tarde, muchas palabras,
ya no había más,
la última gota secó.
Yo no quería colgar el teléfono,
Recuerdo tu boca caer sobre mí,
Cómo el mar confundido,
Beberé un poco de éste río,
Dejar silencios en las charlas
Tú nunca contestaste mi mirada;
fuimos tres en ese instante,
Tú, Yo y nuestro silencio.
Recuerdo tu boca caer sobre mí,
aún me roba el aliento,
tu mirada se posó en mi ser
y Yo nunca dejé de contemplarte.
Cómo el mar confundido,
así marche Yo hacia tu río,
recorrí tus orillas hasta morir,
y nos aferramos al naufragio.
Beberé un poco de éste río
y me embriagaré de él,
pero solo hasta cuando
llegue a mi nuevo destino.
Dejar silencios en nuestras charlas
era otra forma de decir que
estaba a punto de marcharme,
de amarte y no volver.

No hay comentarios:
Publicar un comentario